Finalmente te acostumbras al ritmo de la emergencia. Todo el grupo empieza a tener hábitos solo posibles en estos extraños ambientes. Por las mañanas Gwen revisa el correo en piyama, después de almuerzo Santi duerme en el sofá de la oficina, yo he intentado, con poco exito, hacer yoga a horas ridículas. La noche del viernes los expats han decidido salir a la calle y ser turistas. Primera opción: el Bario chino. Pero es necesario pasar 90 minutos en el taxi y este tiempo sin actividad implicaría que los tres expats de coordinación llegarían dormidos. Opción 2: La calle P. Burgos; la calle del pecado.
La calle P.Burgos se ha especializado en bares de striptease, pero ofrece también infinitas variaciones de este tipo de entretenimiento. Mujeres en uniformes ofrecen masajes filipinos, prostitutas calladas esperan contra las paredes, espectáculos de can-can, o tipo pigalle, boxeo femenino y hasta lucha libre en aceite. Expats que caminan que miran que entran, carros y mas carros, mujeres y travestis amigablemente te invitan a pasar, hombres diminutos se acercan y ofrecen cajas de viagra con una insistencia algo extraña y en medio de todo una iglesia metodista. Al final de la calle empiezas a encontrar pequeños y oscuros callejones mucho más interesantes. Familias hablando alrededor de brasas que cocinan brochetas con cabezas, patas, colas y hasta hígados de gallinas, tricimotos parqueadas, personas hablando por las ventanas, pequeñas tiendas, por todas partes diminutas iglesias, y restaurantes de barrio donde te sientas y comes Sisig, plato preparado con el más elegante de los animales: el cerdo. La carne es servida sobre un sartén negro y con un huevo fritándose encima. Pides una San Miguel Pielsen, empieza a llover suavemente, pasan personas que trabajan, que van a ver sus familias, gatos silenciosos debajo de las sillas, nadie habla, no hay música. Piensas: qué barbaridad, realmente estoy en Filipinas. Descubres con sorpresa que estas en Paz.
J'imagine le néon clignotant dans la ruelle, les odeurs de cuisine et une plaque en fonte sur la rue, d'où s'échappe de la vapeur.. J'entends en bruit de fond une langue inconnue, et je vous vois, marcher dans la pénombre, sous le crachin, fondus dans la métropole comme si vous y étiez nés. Tout ça, je me l'imagine tant tes descriptions résonnent au plus profond de moi. Merci pour ta prose!
ResponderEliminarMiles de besos,
Sarah