viernes, 20 de noviembre de 2009

Dos taxistas, dos franceses y un acontecimiento extraño

Era domingo, hacia un calor bestial, el taxi se movía lentamente por Manila, recordaba porqué creo que las palabras más bonitas del inglés son: air conditioning. Me acompañaba Santi, quien es la persona más amable que se puedan imaginar. Nos conocemos desde hace poco pero me llama “my dear D”. Santi y Gwen representan todo lo mas bonito de Francia. O más bien representan Francia, un país que he aprendido a adorar a través de su gente. El caso es que íbamos en el taxi y Santi me contaba que yendo al aeropuerto en Paris había entablado conversación con el taxista quien le contó que ellos, los taxistas parisinos, trabajan los primeros 24 días del mes para pagar el taxi, y que los últimos 6 son para ellos. Con este sistema pasan más de 16 años antes de pagar el taxi. Durante ese tiempo están constantemente preocupados por el ingreso de cada día y por llegar a fin de mes. Millones y millones de personas en el mundo viven así: preocupados por los ingresos del día a día, sin posibilidad humana de enfermarse o descansar ni una sola tarde, durante años.

El taxista filipino nos escuchaba y replicaba que debe trabajar 24 horas seguidas y entonces descansar otras 24. Este hombre después de manejar 8 o 10 horas, parquea el carro y duerme por una hora, antes de seguir conduciendo hasta el agotamiento. El conductor nos preguntó donde trabajábamos? Pregunta que detesto en filipinas pero especialmente en Colombia. La respuesta me hace sentir incomodo. Creo que la admiración de la gente por la organización y que se trasmite a sus trabajadores, no debe dirigirse a mi, me siento incomodo las veces que he tenido que ponerme el chaleco para bajar de aviones, me siento incomodo viendo las propagandas, algunas veces, ante desconocidos, he preferido decir que estoy desempleado a decir que trabajo para la organización. Dije con desgana: trabajaremos en Manila en una “empresa” por dos meses. Santi saltó riendo: Empresa?...trabajamos en una organización humanitaria que está ayudando a los afectados de los tifones en la laguna y lleno de orgullo empezó a describir en detalle la asistencia que prestamos a los centros de evacuación. Una hora después llegamos a Makati y yo seguía asombrado de la naturalidad con la que Santi había descrito lo que hacemos. Al fin de cuentas es un trabajo como cualquier otro. Por primera vez no me sentía incomodo. Qué cosa extraña.

No hay comentarios:

Publicar un comentario