
El término es relativo. Salgamos de dudas y empecemos a establecer las reglas de juego de lo que es realmente un hotel malo. Un hotel malo sitúa la caja del aire acondicionado (AC) sobre la cama para que agua tibia te caiga sobre la cara cuando duermes. Solo en un hotel malo es impensable caminar desclaso por el cuarto, los empleados duermen en un colchón situado en el lobby y tu teléfono fijo está listado como recepción y recibes llamadas a las 11 PM de alguien que quiere toallas. En un hotel malo los empleados, cual amigos del alma, abren la puerta y entran en el cuarto, y después de una ducha sales del baño en toalla y encuentras una persona intentando prender en AC, otra poniendo una fanta tibia sobre la mesa, y hasta el celador que solo viene a saludar. En un Hotel malo, no tienen donde guardar la llave del cuarto, así que a tu salida piden que la dejes colgada del cerrojo, donde permanecerá todo el día. En un hotel malo, cuando no funciona el AC, el amigable “todero” te dice, “déme un segundo”, y se quita las pantuflas, se sube a tu cama, se para sobre tu almohada y empieza a darle golpes al AC. Señoras y señores, sólo en un hotel espléndidamente malo el baño literalmente -te asusta-.
PS: El mayor problema de los hoteles malos es que generalmente están atendidos por personas adorables que se esfuerzan con toda el alma para hacerte feliz, dejándote enteramente desarmado ante la ruina que te rodea. Cuando el AC empezó a funcionar, se bajó de mi almohada y de mi cama, y mientras calzaba sus sandalias dijo servicial y satisfecho: “Listo! Algún otro problema sir?”
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