Lo primero que te golpea es el fuerte olor. Empiezas a ver el agua negra que llena las calles. Nos bajamos de la moto cuando ya estaba hundida en el agua y pasamos a una brevísima canoa jalada por un delgado hombre descalzo. Inicialmente toda el área estaba inundada, todas las casas fueron afectadas, hoy el agua ha bajado y algunas se encuentran ya en las partes secas. Los patos y gallinas comparten los hogares con las personas; los patios y graneros son barrizales. Nosotros seguimos en nuestra canoa con el agua cada vez mas profunda como una extraña Venecia filipina. Personas caminando en el agua negra, botes con niños en dirección contraria. El sol es fuerte y busco mis gafas oscuras y me siento culpable de tener estas gafas, sin hablar del pantalón, la camiseta o las botas que dicho sea de paso no sirven de nada con esta agua negra.
En la orilla espera un grupo de personas con sus botes. Sale a recibirnos el diminuto Albertiano con una camisa que dice: “Have very a nice day…asshole!” y pide que lo sigamos hasta dentro de lo que parece una bodega, cosa que hacemos de mil amores, ya lo he dicho, el sol es fuerte. Y entonces los vi. Mujeres, hombres, niños, niños y mas niños de todas las edades, bebés, familias, personas cocinando, durmiendo, hablando. Mas de 1300 personas. Después de la inundación han traído todo lo que se ha salvado. Algunos tienen muebles, cunas, otros camas, los mas no tienen nada. Solo sabanas separan a las familias. Niños durmiendo en el suelo. En este momento apoyamos 18 campamentos similares. Salimos nuevamente a la calle, a los lejos, en la zona mas afectada, se ven tan solo techos saliendo de la laguna. Albertiano dice: “allá está mi casa…”. En el horizonte se ven los altos edificios de Manila.
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