viernes, 23 de octubre de 2009

9B Tolentino, San Lorenzo Village, Makati

En Manila había una pequeña misión de la sección Suiza con 3 expatriados y nada mas. De repente dos supertifones golpearon la isla y alrededor de 20 personas tomaron como centro de operaciones aquella pequeña casa de los Suizos. A mi llegada el lugar estaba lleno de gente que entraba y salía, gente que escribía en computadores, kits de ayuda humanitaria se armaban en el parqueadero, alguien cargaba botas de pantano, alguien bajaba las escaleras medio dormida, otro gritaba ordenes en francés por un teléfono, sobre una mesa habían cargadores para celulares, pilas y linternas, los escritorios estaban llenos de papeles desorganizados, casi como si los tifones hubieran pasado por en medio de la sala. Cables pegados con cinta al suelo, una montaña de periódicos filipinos, las paredes llenas mapas.

En medio de este hacinamiento humanitario he escuchado dos frases que quedaron en mi memoria: Un doctor de la sección Holandesa que me decía calmado: “…ya llegó el cólera…y está acabando con todo…” y la pregunta que me hizo aquemarropa un desconocido: “las bolsas de cadáveres son para usted…?”

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