lunes, 23 de mayo de 2011

Charsada

Nos sentamos en la sala, el dueño de casa trajo una bandeja con pollo frito, varias botellas de SevenUp y se paró frente nosotros junto a otras diez personas que llenaban la sala. Debíamos comer. Nadie probaría bocado antes que nosotros. Nos miraban atentamente. Tierra de Pashtuns.


El agua y la comida minan lentamente la salud física y anímica de la comunidad expat. El primero de nosotros, el jefe, declinó amablemente la invitación argumentando alergia al pollo. La segunda persona dijo que la comida se veía deliciosa pero que en ese momento no tenía hambre. Llegó mi turno, el último. Sin escapatoria abracé mi destino con la frente en alto. Si he de morir, moriré lleno: dos presas por favor. El cuarto entero respiró aliviado.


El jefe susurró a mi oído. Felicitaciones, ahora ve a morir en la esquina.

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