lunes, 17 de mayo de 2010

Ragas & Sagas

“Si no te comes toda la sopa, los Patáns te podrán en una bolsa oscura y te llevarán lejos...” decía la madre de Mariam, y ella, pequeñísima y aterrorizada, tomaba toda la sopa. Ahora Mariam está sentada al frente y nos dirigimos a H, el centro mismo del territorio “Patán”. Mariam quiere aparentar tranquilidad.

Mi estrés empezó el día anterior cuando el jefe de misión me llamó a su oficina para darme instrucciones de viaje: No ipod, no cámara, no gafas oscuras, siempre Shawar Kameez. Mas tarde vi la camioneta que usaríamos en le viaje, estaba totalmente cubierta de barro. Me pasó un escalofrió por la espalda cuando supe que le habían pedido a los conductores ensuciarla para pasar desapercibida en la carretera. H estuvo bajo dominio Taliban hasta finales del 2008, con la llegada del ejercito los talibanes huyeron a la vecina Waziristán, o se ocultaron en la población. Nadie sabe quien es quien en H.

Partimos a las 6am y como es ya costumbre, dormí. Cuando me desperté el paisaje era totalmente surreal; La carretera estaba rodeada de montañas que parecían de solo piedra. En medio del viaje debemos cruzar el río Indus usando un viejo puente británico; solo ver este puente seria suficiente premio por el largo viaje; Está construido totalmente en hierro rojo, su arquitectura parece sacada de la Torre Eiffel.

Cada media hora debemos comunicarnos con Islamabad. Si no realizamos el contacto, esperan 10 minutos, y prenden las alarmas. El camino tiene innumerables retenes donde el conductor se detiene y Mariam arregla su velo. A nuestro lado están siempre los abandonados rieles del tren. Hace años que el tren no llega a H.

En K, la mitad del camino, estramos oficialmente en territorio Patán ultra-conservador. Mariam cambia su liberal chal o topata por un Chaadar largo y blanco. K es una ciudad tomada por el ejercito; Los únicos restaurantes están dentro del cantón militar, a la salida se pueden ver decenas de carros militares parqueados bajo el sol.
En el centro de la ciudad hay grandes anuncios de publicidad que ofrecen estudiar en el extranjero; fotos de jóvenes sonrientes, todos sin barba, sin Shawar Kammez. Continuamos nuestro camino hacia H. Cada vez que pasa un convoy militar nuestro carro se orilla y se detiene.

Poco puedo decir de H. La forma de trabajar, los horarios, todo, es información sensitiva. Puedo contarles que no dejo de pensar en uno de los trabajadores, quien a pesar de tener 30 años aparentaba 45. Este delgado hombre se empeño en instalar la pesada caja de seguridad sin ayuda de nadie. Con el solo poder de su voluntad levantó la pesada carga y la empujó en el lugar indicado. Cuando vió el asombro general empezó a golpear su pecho con fuerza y orgullo, mientras gritaba: Afganistán! Afganistán! Afganistán!!!

Durante uno de los almuerzos estaba rodeado de Patáns y nada entendía de lo que se hablaba. La charla era seria, señalaban la montaña a mis espaldas, se empinaban. Cuando todo terminó pregunté a Mariam de qué hablaban. Ella señaló nuevamente las montañas y dijo:
"...los talibanes están detrás de aquel cerro de la derecha". Los talibanes son de esta región? Su respuesta: "Los talibanes vienen de todas partes; mi primo dejó su esposa, sus dos hijos y sus estudios en Boston para unirse a los Talibanes. Murió en la batalla de Tora- Bora. Estos, los de la montaña, son mas que todo de la vecina Waziristán...Waziris".

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