sábado, 29 de mayo de 2010
La breve historia de Zuleiman
Zuleiman está feliz con su trabajo. Me cuenta radiante que su anciano padre vendía frutas en el bazar de Peshawar, y ahora que su hijo trabaja, ha podido retirarse. El padre de Zuleiman era tan pobre que sus hermanos no lo invitaban a las reuniones familiares; hoy puede llegar con la frente en alto. Anja me escucha y dice que solo conozco la mitad de la historia: Zuleiman nació en una ciudad de Punjab. Cuando tenia 7 años viajó con sus padres a la lejana Peshawar y fue abandonado en el bazar principal. El niño llorando deambuló en medio de la multitud por horas hasta ser visto por un pobre y viejo vendedor de frutas.
miércoles, 26 de mayo de 2010
El lugar mas peligroso del planeta
Cuentan los rumores que hay un cirujano Tailandés que cada vez que llega a una misión cocina cada viernes, y cuando se va, todos los expats lo extrañan por semanas y semanas. Dicen que el cocinero de Afganistán ha sido entrenado por los expats italianos, franceses y españoles que pasan por Kabul y que ahora es un master en cocina internacional. Jean, el camerunés que trabaja en Burundi, se ha convertido en una verdadera leyenda. He visto franceses felices recordando sus platos. Cuentan que Jean es conocido hasta en el Desk; Expatriados extienden misiones por el sólo gozo de sentarse a su mesa.
Se, ahora que mi misión termina, que el lugar mas peligroso del mundo no es la frontera entre Afganistán y Pakistán, no es Waziristan, ni Peshawar, no es la carretera que cruza el paso Khiber y llega a Kabul pasando por Jalalabad. Hoy en día el lugar mas peligroso del planeta entero es ese espacio, en reducción constante, que me separa de unos perfectos espaguetis amatriciana.
Se, ahora que mi misión termina, que el lugar mas peligroso del mundo no es la frontera entre Afganistán y Pakistán, no es Waziristan, ni Peshawar, no es la carretera que cruza el paso Khiber y llega a Kabul pasando por Jalalabad. Hoy en día el lugar mas peligroso del planeta entero es ese espacio, en reducción constante, que me separa de unos perfectos espaguetis amatriciana.
domingo, 23 de mayo de 2010
No Contry for Old Men
A las 330am se corta la electricidad; te despiertas. El calor-el calor. El primer pensamiento en tu cabeza es la visita de Paris que llegará en dos días. Por la mañana, cuando llegue a la oficina, debo llamar a Paris. No, no: el cambio de hora! Debo llamar después de almuerzo. Qué documentos debo tener listos para la visita? Cuando llegue a la oficina debo corregir el documento de seguridad; Las prioridades en misión siempre deben ser: 1-Seguridad, 2-operaciones en terreno, 3-Paris. En el mundo humanitario el lenguaje es bastante militar. Empiezan a sonar los mosquitos alrededor. Debo recordar a Abbas que compre el ticket a Bogotá; sin ese pasaje no me dejan tomar el vuelo a Paris y me quedaré varado en Islamabad. Antes de partir voy a imprimir fotos y darlas como regalo a mis amigos. Cómo estará la estatua filipina que dejé en Paris? Habrá termitas o humedad? Sophi, mi reemplazo, debe estar estresadísima. Solo tengo un par de días para explicarle todo. Mis papás quieren que compre un poster de Picaso en Paris. Espero tener tiempo. Qué extraña fue mi evaluación de misión; durante dos horas se enumeraron todos y cada uno de mis errores y defectos hasta alcanzar la exasperación y el tedio, y después, para mi sorpresa, me recomendaron para una misión de mayor responsabilidad. Como van las cosas la síguete misión será en un contexto de seguridad, en francés y con mas carga laboral: la glorificación perfecta de la carencia de vida privada. Debería volver a Colombia y estudiar. Lo primero que debo hacer cuando llegue a la oficina es llamar a H. Si! eso es!: llamar a H y después llamar a Pesh. Cuanto tiempo llevo sin ver a mi hermana? un año! Casi dos? Qué horror! Cómo rinde el tiempo en la oficina desde que el gobierno bloqueó Facebook, youtube, winkipedia, y Flickr. Será que soy un disléxico no diagnosticado? Los mosquitos, los mosquitos, el calor. Una semana entera sin hacer yoga. Qué fecha es hoy? llevo casi nueve meses de misión. La maleta debe tener tan solo 20 kilos; qué voy a hacer con la estatua filipina y el buda y encima con el poster de Picaso. Voy a dejar la mitad de mi ropa en Islamabad. Debería irme a vivir a México o buscar trabajo en Europa, pedir una misión en India, visitar Japón, comprar un apartamento, leer mas en francés. Qué día es hoy? es lunes? si, es lunes. Debo dormir! Quiero dormir! Cerremos los ojos. El calor, los mosquitos.
lunes, 17 de mayo de 2010
Ragas & Sagas
“Si no te comes toda la sopa, los Patáns te podrán en una bolsa oscura y te llevarán lejos...” decía la madre de Mariam, y ella, pequeñísima y aterrorizada, tomaba toda la sopa. Ahora Mariam está sentada al frente y nos dirigimos a H, el centro mismo del territorio “Patán”. Mariam quiere aparentar tranquilidad.
Mi estrés empezó el día anterior cuando el jefe de misión me llamó a su oficina para darme instrucciones de viaje: No ipod, no cámara, no gafas oscuras, siempre Shawar Kameez. Mas tarde vi la camioneta que usaríamos en le viaje, estaba totalmente cubierta de barro. Me pasó un escalofrió por la espalda cuando supe que le habían pedido a los conductores ensuciarla para pasar desapercibida en la carretera. H estuvo bajo dominio Taliban hasta finales del 2008, con la llegada del ejercito los talibanes huyeron a la vecina Waziristán, o se ocultaron en la población. Nadie sabe quien es quien en H.
Partimos a las 6am y como es ya costumbre, dormí. Cuando me desperté el paisaje era totalmente surreal; La carretera estaba rodeada de montañas que parecían de solo piedra. En medio del viaje debemos cruzar el río Indus usando un viejo puente británico; solo ver este puente seria suficiente premio por el largo viaje; Está construido totalmente en hierro rojo, su arquitectura parece sacada de la Torre Eiffel.
Cada media hora debemos comunicarnos con Islamabad. Si no realizamos el contacto, esperan 10 minutos, y prenden las alarmas. El camino tiene innumerables retenes donde el conductor se detiene y Mariam arregla su velo. A nuestro lado están siempre los abandonados rieles del tren. Hace años que el tren no llega a H.
En K, la mitad del camino, estramos oficialmente en territorio Patán ultra-conservador. Mariam cambia su liberal chal o topata por un Chaadar largo y blanco. K es una ciudad tomada por el ejercito; Los únicos restaurantes están dentro del cantón militar, a la salida se pueden ver decenas de carros militares parqueados bajo el sol. En el centro de la ciudad hay grandes anuncios de publicidad que ofrecen estudiar en el extranjero; fotos de jóvenes sonrientes, todos sin barba, sin Shawar Kammez. Continuamos nuestro camino hacia H. Cada vez que pasa un convoy militar nuestro carro se orilla y se detiene.
Poco puedo decir de H. La forma de trabajar, los horarios, todo, es información sensitiva. Puedo contarles que no dejo de pensar en uno de los trabajadores, quien a pesar de tener 30 años aparentaba 45. Este delgado hombre se empeño en instalar la pesada caja de seguridad sin ayuda de nadie. Con el solo poder de su voluntad levantó la pesada carga y la empujó en el lugar indicado. Cuando vió el asombro general empezó a golpear su pecho con fuerza y orgullo, mientras gritaba: Afganistán! Afganistán! Afganistán!!!
Durante uno de los almuerzos estaba rodeado de Patáns y nada entendía de lo que se hablaba. La charla era seria, señalaban la montaña a mis espaldas, se empinaban. Cuando todo terminó pregunté a Mariam de qué hablaban. Ella señaló nuevamente las montañas y dijo: "...los talibanes están detrás de aquel cerro de la derecha". Los talibanes son de esta región? Su respuesta: "Los talibanes vienen de todas partes; mi primo dejó su esposa, sus dos hijos y sus estudios en Boston para unirse a los Talibanes. Murió en la batalla de Tora- Bora. Estos, los de la montaña, son mas que todo de la vecina Waziristán...Waziris".
Mi estrés empezó el día anterior cuando el jefe de misión me llamó a su oficina para darme instrucciones de viaje: No ipod, no cámara, no gafas oscuras, siempre Shawar Kameez. Mas tarde vi la camioneta que usaríamos en le viaje, estaba totalmente cubierta de barro. Me pasó un escalofrió por la espalda cuando supe que le habían pedido a los conductores ensuciarla para pasar desapercibida en la carretera. H estuvo bajo dominio Taliban hasta finales del 2008, con la llegada del ejercito los talibanes huyeron a la vecina Waziristán, o se ocultaron en la población. Nadie sabe quien es quien en H.
Partimos a las 6am y como es ya costumbre, dormí. Cuando me desperté el paisaje era totalmente surreal; La carretera estaba rodeada de montañas que parecían de solo piedra. En medio del viaje debemos cruzar el río Indus usando un viejo puente británico; solo ver este puente seria suficiente premio por el largo viaje; Está construido totalmente en hierro rojo, su arquitectura parece sacada de la Torre Eiffel.
Cada media hora debemos comunicarnos con Islamabad. Si no realizamos el contacto, esperan 10 minutos, y prenden las alarmas. El camino tiene innumerables retenes donde el conductor se detiene y Mariam arregla su velo. A nuestro lado están siempre los abandonados rieles del tren. Hace años que el tren no llega a H.
En K, la mitad del camino, estramos oficialmente en territorio Patán ultra-conservador. Mariam cambia su liberal chal o topata por un Chaadar largo y blanco. K es una ciudad tomada por el ejercito; Los únicos restaurantes están dentro del cantón militar, a la salida se pueden ver decenas de carros militares parqueados bajo el sol. En el centro de la ciudad hay grandes anuncios de publicidad que ofrecen estudiar en el extranjero; fotos de jóvenes sonrientes, todos sin barba, sin Shawar Kammez. Continuamos nuestro camino hacia H. Cada vez que pasa un convoy militar nuestro carro se orilla y se detiene.
Poco puedo decir de H. La forma de trabajar, los horarios, todo, es información sensitiva. Puedo contarles que no dejo de pensar en uno de los trabajadores, quien a pesar de tener 30 años aparentaba 45. Este delgado hombre se empeño en instalar la pesada caja de seguridad sin ayuda de nadie. Con el solo poder de su voluntad levantó la pesada carga y la empujó en el lugar indicado. Cuando vió el asombro general empezó a golpear su pecho con fuerza y orgullo, mientras gritaba: Afganistán! Afganistán! Afganistán!!!
Durante uno de los almuerzos estaba rodeado de Patáns y nada entendía de lo que se hablaba. La charla era seria, señalaban la montaña a mis espaldas, se empinaban. Cuando todo terminó pregunté a Mariam de qué hablaban. Ella señaló nuevamente las montañas y dijo: "...los talibanes están detrás de aquel cerro de la derecha". Los talibanes son de esta región? Su respuesta: "Los talibanes vienen de todas partes; mi primo dejó su esposa, sus dos hijos y sus estudios en Boston para unirse a los Talibanes. Murió en la batalla de Tora- Bora. Estos, los de la montaña, son mas que todo de la vecina Waziristán...Waziris".
viernes, 7 de mayo de 2010
Decisiones, todo cuesta
Un mes para terminar la misión. Ayer inició el proceso para comprar mi pasaje Islamabad – Abú Dhabi - París. Pienso recurrentemente en la única pregunta importante que me harán en Francia: “...qué deseas hacer en tu siguiente misión...?”
Lo más fácil es soñar y responder “Envíenme a India o al lejano oriente...entre mas lejano mejor...” pero obtener esas misiones es difícil; en el mundo humanitario son verdaderos premios: buena comida, poco conflicto, hermosos lugares. Imaginen pasar un año en Bombay, Yakarta, o Phnom Penh. Los expats extienden por años. Algunos jamás regresan. La segunda opción es ser mas realista y decir resuelto: “...oriente medio...quiero Palestina, Iran, Afganistán, Jordania...!”. Muchos expats rechazan estos países, pero la zona me gusta, llena de matices, cultura, historia.
La otra posibilidad es pedir una misión en francés y convertirme, a través de terapia de choque, en un completo franco-parlante. Esta opción es la más responsable desde un punto de vista profesional, pero también la mas dura. Si pides una misión en francés terminarás en una ex-colonia belga o francesa, es decir, en el mismísimo el caos. Las misiones en francés son: Haiti, Níger, Congo, Congo Brazza, Republica Central Africana (CAR), Burkina Faso, Camerún, Mali y Tchad. Todos estos países juntos producen menos del 1% de la PIB mundial. En Níger, el noveno país mas pobre del planeta, tan solo 15% de la población sabe leer. En CAR, el octavo país mas pobre, el promedio de vida es 43 años. El numero uno es Congo con un producto per-cápita de 300 USD al año. Estos países representan el hardcore de la ayuda humanitaria, cualquier otra misión es una película de Disney.
No tengo idea de lo que diré en París.
Lo más fácil es soñar y responder “Envíenme a India o al lejano oriente...entre mas lejano mejor...” pero obtener esas misiones es difícil; en el mundo humanitario son verdaderos premios: buena comida, poco conflicto, hermosos lugares. Imaginen pasar un año en Bombay, Yakarta, o Phnom Penh. Los expats extienden por años. Algunos jamás regresan. La segunda opción es ser mas realista y decir resuelto: “...oriente medio...quiero Palestina, Iran, Afganistán, Jordania...!”. Muchos expats rechazan estos países, pero la zona me gusta, llena de matices, cultura, historia.
La otra posibilidad es pedir una misión en francés y convertirme, a través de terapia de choque, en un completo franco-parlante. Esta opción es la más responsable desde un punto de vista profesional, pero también la mas dura. Si pides una misión en francés terminarás en una ex-colonia belga o francesa, es decir, en el mismísimo el caos. Las misiones en francés son: Haiti, Níger, Congo, Congo Brazza, Republica Central Africana (CAR), Burkina Faso, Camerún, Mali y Tchad. Todos estos países juntos producen menos del 1% de la PIB mundial. En Níger, el noveno país mas pobre del planeta, tan solo 15% de la población sabe leer. En CAR, el octavo país mas pobre, el promedio de vida es 43 años. El numero uno es Congo con un producto per-cápita de 300 USD al año. Estos países representan el hardcore de la ayuda humanitaria, cualquier otra misión es una película de Disney.
No tengo idea de lo que diré en París.
domingo, 2 de mayo de 2010
El desapego de un Buda
En el aeropuerto de Pokhara no hay altavoces. Un delgado hombre entra a la sala de espera y grita el destino y aerolínea del siguiente vuelo. Nada entiendo de sus gritos. Pienso en una conspiración mundial de los aeropuertos para mantener a los pasajeros en estado de tensión. Pregunto a la persona sentada a mi lado, una mujer Indonesa, si ella ha entendido. Confirma que este no es mi vuelo. Continúo con el libro que acabo de comprar. Cuenta como Ganesh, patrón de ladrones y poetas, fue creado en azafrán por la diosa Parvati, mientras esperaba a Krishna, su amante. Paso la hoja y el libro empieza a describir los atributos de una estatua de Buda: sus pies marcados con ruedas, signo de un príncipe, sus alargados y perforados lóbulos, sus ojos entrecerrados.
A mi llegada a Nepal, 9 días antes, había meditado la posibilidad de comprarme un Buda. Después de todo Siddhartha nació en este país, allá en el sur, en Lumbini. Pero Buda pregonaba el desapego de los objetos materiales; Si realmente me gustaba Buda entonces no necesitaba una estatua de Buda. Todo muy claro. Namaste.
El hombre delgado volvió a aparecer y gritó algo ininteligible. La Indonesa dijo con acento maternal: “that is you, dear...” agradecí la atención, y me uní al resto de pasajeros en un pequeño bus sofocante. Seguía sumergido en los Budas y sus atributos: proporciones canónicas en todo su cuerpo, tres anillos debajo de su cuello, largos y sensuales dedos, piel dorada.
Al poco tiempo de despegar alguien gritó “miren por la ventana...” y se armó un gran alboroto, una gritería llena de emoción. Levanté la mirada del libro y vi los majestuosos Himalayas pasar lentos y silenciosos por la ventana. Extrañamente el alboroto fue seguido por el mas absoluto silencio, nadie hablaba, nadie obturaba. 30 extraños en un avión de Yeti airlines observaban las montañas pasar, colectivamente consientes de la perfección del momento y de lo banal de nuestras vidas.
Los Himalayas me recordaban que la vida y la muerte están unidos en un loop interminable, que cada preocupación o tristeza de mi insignificante vida caería en el olvido. Me recordaban que todo era perfecto y parte de un camino: el-Iguazu, elIguazu! Comprendí en un solo instante que el desapego de Buda empieza cuando aceptas que un día dejaras el mundo material, y que todo lo que te rodea dejará de existir. Pensé en el momento de mi muerte, me imaginé yaciendo en la cama, en paz, dejando atrás el mundo entero y, en ese momento veía a mi lado una estatua de buda. Esa figura dorada hacia perfecta y tolerable la imagen de mi muerte. En menos de 5 minutos todo estaba resuelto: compraría una estatua de buda, y no cualquiera, compraría la mejor, la mas hermosa, aquella que observaría mi muerte. Llegar al Nirvana dependía de ello. Buda enseña el desprendimiento, y qué mejor forma de ser budista que desprenderse de una gran cantidad de dinero y comprar una perfecta estatua de buda, guiado por el reconocimiento de nuestra mortalidad, el capricho y Mastercard.
Antes de aterrizar en Katmandú devoré los 53 atributos de un buen Buda. Cuando pisé tierra me había convertido es un Buda snob. Salí a caminar con la urgencia del condenado a muerte. Entraba a las tiendas diciendo: “muéstreme su mejor Buda...”. La mayoría de las piezas estaban dedicadas al turista descuidado: figuras livianas, en madera, para colgar. Rechazaba todo. A pocas cuadras del hotel el milagro se hizo realidad: detrás de líneas y líneas de budas sin gracia, apareció una pieza empolvada que me hablaba al oído; su sutil risa, sus ojos entrecerrados, una pieza delicada, llena de elegancia. Al ver mi emoción el vendedor sentencio “...esa no es para usted...”
Detesto el concepto “...esa no es para usted”, funciona inconscientemente como un reto y generalmente me lleva a meterme en problemas. El vendedor continuó: “Esa es para japoneses...cuesta 40.000 rupias...”, alrededor de 280USD. Cifra a todas luces escandalosa en un país donde se puede comer en un buen restaurante por tres dólares. “...y éste quien se ha creído” gritó en off mi desapego herido. Mi sentido común prendía alarmas, agitaba banderas.
Salí a la calle llena de sol y continué mi búsqueda pero ninguna estatua se acercaba a aquella pieza, a su equilibrio, a su paz. Las conchas en su cabeza que reposaban en sentido del reloj, sus formas redondas, sus hombros tan gruesos como los de un león.
Regresé a la tienda. “Porqué es tan costosa?” pregunté simulando inocencia. Esperaba una lista de atributos y detalles. El vendedor se limitó a colocar la estatua al lado de mi cabeza y mi mente se vació de pensamiento alguno. Preguntó en un susurro: “lo siente...?” - “...siii, lo siento” respondí sorprendido. La pieza estaba sellada en la base: “contiene un mantra sagrado...”.
La estatua era perfecta en todo sentido, pero 280USD para alcanzar el nirvana parecia un poco excesivo. Entré al restaurante el Jak, pedí una cerveza Everest, y fue entonces cuando vi en la mesa de al lado una comitiva de japoneses y el peor escenario apareció en mi mente: Mientras dudaba alguien podría superarme en desapego del mundo material, en amor propio, en poder de compra! Me preparé mentalmente para un proceso de negociación digno de Palestina. El sol estaba a punto de ponerse. Terminaba mi último día en Nepal.
Durante el vuelo Katmandú – Islamabad continué con el libro. Los mejores Budas del mundo entero se venden en Patán, un pueblo de arquitectura medieval situado a 40 minutos de Katmandú. Jamás fui. He empezado a olvidar los atributos y está bien. Este es mi Buda. Tiene un lugar privilegiado en medio de mí desorganizado cuarto. Alrededor de su cuello cuelga un rosario Nepalí con 108 semillas color turquesa.
A mi llegada a Nepal, 9 días antes, había meditado la posibilidad de comprarme un Buda. Después de todo Siddhartha nació en este país, allá en el sur, en Lumbini. Pero Buda pregonaba el desapego de los objetos materiales; Si realmente me gustaba Buda entonces no necesitaba una estatua de Buda. Todo muy claro. Namaste.
El hombre delgado volvió a aparecer y gritó algo ininteligible. La Indonesa dijo con acento maternal: “that is you, dear...” agradecí la atención, y me uní al resto de pasajeros en un pequeño bus sofocante. Seguía sumergido en los Budas y sus atributos: proporciones canónicas en todo su cuerpo, tres anillos debajo de su cuello, largos y sensuales dedos, piel dorada.
Al poco tiempo de despegar alguien gritó “miren por la ventana...” y se armó un gran alboroto, una gritería llena de emoción. Levanté la mirada del libro y vi los majestuosos Himalayas pasar lentos y silenciosos por la ventana. Extrañamente el alboroto fue seguido por el mas absoluto silencio, nadie hablaba, nadie obturaba. 30 extraños en un avión de Yeti airlines observaban las montañas pasar, colectivamente consientes de la perfección del momento y de lo banal de nuestras vidas.
Los Himalayas me recordaban que la vida y la muerte están unidos en un loop interminable, que cada preocupación o tristeza de mi insignificante vida caería en el olvido. Me recordaban que todo era perfecto y parte de un camino: el-Iguazu, elIguazu! Comprendí en un solo instante que el desapego de Buda empieza cuando aceptas que un día dejaras el mundo material, y que todo lo que te rodea dejará de existir. Pensé en el momento de mi muerte, me imaginé yaciendo en la cama, en paz, dejando atrás el mundo entero y, en ese momento veía a mi lado una estatua de buda. Esa figura dorada hacia perfecta y tolerable la imagen de mi muerte. En menos de 5 minutos todo estaba resuelto: compraría una estatua de buda, y no cualquiera, compraría la mejor, la mas hermosa, aquella que observaría mi muerte. Llegar al Nirvana dependía de ello. Buda enseña el desprendimiento, y qué mejor forma de ser budista que desprenderse de una gran cantidad de dinero y comprar una perfecta estatua de buda, guiado por el reconocimiento de nuestra mortalidad, el capricho y Mastercard.
Antes de aterrizar en Katmandú devoré los 53 atributos de un buen Buda. Cuando pisé tierra me había convertido es un Buda snob. Salí a caminar con la urgencia del condenado a muerte. Entraba a las tiendas diciendo: “muéstreme su mejor Buda...”. La mayoría de las piezas estaban dedicadas al turista descuidado: figuras livianas, en madera, para colgar. Rechazaba todo. A pocas cuadras del hotel el milagro se hizo realidad: detrás de líneas y líneas de budas sin gracia, apareció una pieza empolvada que me hablaba al oído; su sutil risa, sus ojos entrecerrados, una pieza delicada, llena de elegancia. Al ver mi emoción el vendedor sentencio “...esa no es para usted...”
Detesto el concepto “...esa no es para usted”, funciona inconscientemente como un reto y generalmente me lleva a meterme en problemas. El vendedor continuó: “Esa es para japoneses...cuesta 40.000 rupias...”, alrededor de 280USD. Cifra a todas luces escandalosa en un país donde se puede comer en un buen restaurante por tres dólares. “...y éste quien se ha creído” gritó en off mi desapego herido. Mi sentido común prendía alarmas, agitaba banderas.
Salí a la calle llena de sol y continué mi búsqueda pero ninguna estatua se acercaba a aquella pieza, a su equilibrio, a su paz. Las conchas en su cabeza que reposaban en sentido del reloj, sus formas redondas, sus hombros tan gruesos como los de un león.
Regresé a la tienda. “Porqué es tan costosa?” pregunté simulando inocencia. Esperaba una lista de atributos y detalles. El vendedor se limitó a colocar la estatua al lado de mi cabeza y mi mente se vació de pensamiento alguno. Preguntó en un susurro: “lo siente...?” - “...siii, lo siento” respondí sorprendido. La pieza estaba sellada en la base: “contiene un mantra sagrado...”.
La estatua era perfecta en todo sentido, pero 280USD para alcanzar el nirvana parecia un poco excesivo. Entré al restaurante el Jak, pedí una cerveza Everest, y fue entonces cuando vi en la mesa de al lado una comitiva de japoneses y el peor escenario apareció en mi mente: Mientras dudaba alguien podría superarme en desapego del mundo material, en amor propio, en poder de compra! Me preparé mentalmente para un proceso de negociación digno de Palestina. El sol estaba a punto de ponerse. Terminaba mi último día en Nepal.
Durante el vuelo Katmandú – Islamabad continué con el libro. Los mejores Budas del mundo entero se venden en Patán, un pueblo de arquitectura medieval situado a 40 minutos de Katmandú. Jamás fui. He empezado a olvidar los atributos y está bien. Este es mi Buda. Tiene un lugar privilegiado en medio de mí desorganizado cuarto. Alrededor de su cuello cuelga un rosario Nepalí con 108 semillas color turquesa.
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