viernes, 11 de diciembre de 2009

Sobre el episodio del Karaoke

Esta fue posiblemente la última visita de terreno. El equipo de coordinación salió corriendo de Manila a las 430pm, tomamos una carretera llena de pacíficos arrozales. Dormí. A nuestra llegada tuvimos reuniones hasta las 1100pm, y todos los expats salieron a comer. Era el cumpleaños de Monique, la jefe de terreno.

Al restaurante llegó la cúpula del poder regional: el alcalde y sus más cercanos. La noche tuvo todos los esenciales filipinos: el Adobo de cerdo, el pollo agridulce, el Balut (huevo de pato en avanzado estado de desarrollo), la San miguel Pilsen y el Kareoke - El horror.

Ya una vez había caminado por este oscuro camino; culpo de ello a una amigable austriaca y a mi avanzado estado de ebriedad. Aquella vez, cuando vi al divertido público filipino tomando fotos de los extranjeros, recogí la escasa dignidad que me quedaba y me retire. Pero esto era diferente; Primero que todo estaba sobrio, cosa nunca recomendable cuando estas apunto de hacer el ridículo, y segundo, porque los filipinos se toman esto del karaoke muy en serio.

El primero en cantar fue el alcalde. Dedicó “we are the champions” al equipo de terreno. Cantó con la mirada perdida en el horizonte. Me sentía graduándome del colegio. El siguiente fue su mas cercano consejero; hombre grueso y fornido quien seleccionó para sorpresa y sospecha de todos “Careless whispers” (George Michael) que cantó con trascendental semblante. G, jefe de misión, pidió el siguiente turno. Cuando yo apenas me acomodaba para empezar un proceso sistemático de burla me dijo: no te rías que tu cantas conmigo…

Después de una ardua negociación entre “Respect” (Aretha Franklin) y “Help” (Beatles), escogimos algo mas sencillo de interpretar: el éxito de ayer y hoy “Knocking on heavens doors”, la version de Guns and roses. La dificultad de cantar en público aumentó cuando vi que la pantalla del Kareoke proyectaba imágenes de hermosas modelos en avanzado estado de desnudez y desnutrición. Luché contra la desconcentración, el sentido de ridículo, y la malvada sobriedad, tomé el micrófono y empecé a cantar en un tono axelisticamente alto, mientras G adoptó un tono bajo y sobrio. Fuimos un hit.

Algunos filipinos, entre ellos el alcalde, empezaron a acompañarnos con sus palmas, gente de otras mesas cantaba con nosotros, había personas en la calle divertidas con el show. La cosa fue de tal magnitud que al final grité: “…thank you Santa Cruz…will be here all night…!” Pero la locura no terminó ahí; Llevados por nuestro éxito Santi pidió Roxane (Police), Adrien pidió “Three little birds” (Marley) y después no había forma de hacerlos soltar el micrófono. Al final de la noche veía como todos mis compañeros y un nutrido grupo de filipinos, abrazados y meciéndose, cantaban “heal the World” (Michael) mientras yo me preguntaba porqué no traje la cámara…

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