viernes, 9 de septiembre de 2011
El final del Ramazán en tres actos
El Iftar, el final del ayuno diario. Multitudes se reúnen en lugares públicos a compartir platos pagados por personas adineradas como agradecimiento a Allah. En f7, por ejemplo, 400 hombres se sientan en el suelo sobre tapetes de fieltro con la comida y la bebida enfrente. No comen, esperan. Te miran intrigados. Te invitan a sentarte, te disculpas, no estás ayunando. Se escucha en al distancia el último canto del minarete, el Isha, la oración de la noche; las personas empiezan a beber y comer. Un extraño trae un vaso de limonada. Lo recibes agradecido. Todo acaba en unos minutos. Se paran y desaparecen. Se dirigen a la mezquita a orar.
Cuando te encuentras en un avión y llega el Iftar, las azafatas dicen sin preámbulo: el Iftar ha llegado. Apuradas y elegantes, empiezan a distribuir agua entre las filas de hombres y las filas de mujeres. Poco después los pasajeros reciben cajas especiales de Iftar, con porciones extra de comida y dátiles. Los fumadores prenden sus cigarrillos en pleno vuelo. La gente aplaude de alegría.
El Eid marca el final del Ramazán y en todos los sentidos prácticos es la Navidad del Musulmán. En el restaurante los creyentes ordenan comida cuando aún es de día, de forma que los platos lleguen tan pronto se oculte el sol. Cuando se escucha el canto las mujeres cubren su cabeza hasta la frente, toman un dátil, lo ponen cerca de su boca y empiezan a orar en silencio. Comen lentamente.
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