lunes, 15 de noviembre de 2010

Un camino y dos casas de piedra

Suaves montañas cubiertas por una grama perfecta. A mi lado se encuentra una mujer de rostro tranquilo, pelo largo y vestido rojo. No hablamos; tal vez duerme a pesar de que manejo a toda velocidad. La carretera está compuesta por dos estrechas tiras de ladrillos. Si un carro viniera en dirección contraria tendría que destrozar el magnífico pasto. Afortunadamente no viene ningún carro. Acaso hay otro camino de regreso? donde se encuentra?

Al poco tiempo llegamos al final del camino, dos casas en piedra y madera. Entramos a una sala llena de amigos. El ambiente es cordial, alegre, pero nadie habla. Pasa el tiempo. Escuchamos ruidos violentos en el segundo piso; vidrios rotos, golpes, un grito. Voy a las escaleras, es noche cerrada, hace frio. Empiezo a subir. Los golpes y gritos se hacen mas y mas fuertes.

Avispas

El sol brilla sobre un lago tranquilo. Cultivos de trigo se mueven con el viento. Una avispa negra se posa sobre tu muslo y te pica antes de cualquier movimiento o provocación. El muslo se torna hinchado y rojo. Sientes presión y calor en el cuello. No puedes respirar, caes de rodillas y llevas tus manos al cuello. En el agua ves tu cara inflada y roja.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Agujas

Tu mano izquierda tiene dos diminutas protuberancias en la palma. Con el dedo índice de la mano derecha sientes su rugosa textura. Insertas con cuidado la punta de una aguja. No sientes dolor. Presionas suavemente y se hunde con dificultad. Ves sangre, solo un poco; te detienes. Asombrado por la falta de dolor presionas la aguja mas y mas fuerte. De un momento a otro traspasa una capa dura y empieza a hundirse con rapidez a través de piel, carne y huesos. Con asombro levantas la mano izquierda frente a tus ojos; tienes la aguja clavada hasta la mitad. No sientes dolor.