A y B tenían amigos en común, se habían visto muchas veces, poco mas. Se encontraron en el extranjero por casualidad, causó sorpresa lo bien que se llevaban. Con alegría pensaban en todo el tiempo que habían perdido sin conocerse bien. Ambos en silencio temían que aquello que sucedía sólo pudiera ser realidad en aquel universo paralelo que son los viajes. B regresó primero.
Al poco tiempo de llegar A preguntó con aire casual: “…cómo está B…?” La respuesta causó sorpresa y tristeza: “…Cuando B llegó del viaje regresó a su relación con C, de hecho, siempre ha estado con C…” Por respeto A nunca llamó a B.
B se sorprendió del comportamiento de A; su distancia, la forma en que sutilmente evitaba su presencia. Cuando se encontraban hablaban amigablemente; seres civilizados. A y B, al mismo tiempo y sin saberlo, pensaban que lo sucedido nunca debería ser mencionado, que era parte de un sueño, que aquello que habían sentido, lo habían sentido solos.
Meses después B efectivamente empezó a salir con C. Durarían juntos tres años.
A y B eran novios en México, ambos estudiantes, ambos jóvenes. Cuando B regresó a su país de origen tenían un plan común: En dos meses se encontrarían en España para seguir estudiando y vivir juntos. B se inscribió en una universidad de Madrid, compró su pasaje, se despidió, aterrizó y sólo entonces supo que A nunca llegaría.
B, por orgullo o valor, decidió quedarse.
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