sábado, 12 de junio de 2010

Bogotá

En París y NY hay equipos de psicólogos dedicados a llamar a los expatriados que regresan de terreno. Pareciera que muchos encuentran complejo pasar del ritmo desenfrenado de misión a la calma de periódico y café por la mañana. En mi caso ha sido extraño, pero no difícil; Estoy metido en un alegre tren de reencuentros con el sentimiento de que muchas cosas han cambiando, pero todas para lo mejor. El único efecto del regreso: un olímpico desbarajuste de horario. Me despierto a las 5am, veo a mi alrededor y por un segundo me pregunto donde me encuentro. Cama perfecta, almohadas suaves y gigantes, sabanas blancas y tibias. En la distancia escucho un sonido familiar: Son balas. No puede ser otra cosa: Sonido seco, eco corto. A qué distancia? Máximo tres cuadras. Balas, mas balas, ráfagas, un combate, una alarma de carro. Espero escuchar sirenas. Sin duda saldrá mañana en las noticias. Pasa el tiempo. Prendo la luz. Pienso en bajar a la portería, salgo al corredor. Aguzo el oído: Un carro que se mueve, pasos lentos, puertas que se cierran; La calma de la mañana. Todo está en mi cabeza.

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