lunes, 1 de octubre de 2012

El conductor de limosinas

En el 94 manejaba limosinas en Washington. No tenía esta barba, no estaba gordo.-Golpea su enorme barriga con gusto- Me dijeron que mi primer cliente era una persona importante, alguien que necesitaba atención especial. Abrí la puerta del brillante Lincoln Town Car cuando lo vi salir de la oficina vestido de negro. Desde la distancia me indicó con la mano que me subiera al puesto del conductor, subió al asiento de atrás y dijo: “Muchacho, tu no necesitas abrirme la puerta…”. Al poco tiempo de arrancar peguntó “Muchacho, fumas?” - “No señor”, “te molesta si fumo?” - “No señor”. Abrió un poco la ventana, prendió el cigarrillo. Al exhalar llevaba la boca hasta la pequeña abertura cuidando que no entrara humo en el Lincoln. Fumó el cigarrillo entero así, acurrucado contra la ventana para no molestarme con su humo. Su nombre era Philip Morris.

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