Las cosas se mueven lento en esta parte del mundo. Las protestas empezaron en Pakistán desde el jueves Septiembre 20, cuando una marcha de abogados logró vencer las barreras del lugar mas seguro de la capital: el enclave diplomático. Hordas corrían enardecidas, después desorientadas y al final agotadas por las calles del enclave sin poder encontrar la embajada americana. Poco después el gobierno, en un sorprendente Harakiri público, declaró el viernes como “Yaum-e-Ishq-e-Rasool” – “Día de amor al profeta”, cerrando todas las empresas privadas y todas las oficinas públicas, dando pista libre para protestar a todo aquel que no quisiera pasar los sofocantes cortes de electricidad encerrado en su casa.
El viernes el enclave amaneció con enormes contenedores marítimos en sus entradas. Protestantes se agruparon en las entradas de la ciudad. Al sur los de Rawalpindi, al norte los de Peshawar. Alrededor de la 1pm empezó la oración sagrada donde los ánimos serían calentados al extremo. A las 2pm el sistema telefónico fue bloqueado en toda la capital. A las 3 las personas empezaban a salir de las mezquitas. Let’s Raaaaaamble!
Las manifestaciones de todo tipo siguieron por toda una semana incluyendo
una manifestación de protesta contra la violencia que ningún medio
internacional reportó: El domingo en silencio cientos de personas limpiaban los
desastres causados por la marcha anterior a lo largo de Blue Area. Mientras el país ardía, en Gadowal, un diminuto pueblo de Sindh, se
desarrollaba un drama de proporciones épicas:
Sana de 23 (musulmán) y Chand de 25 (Cristiano)
escaparon de sus casas el viernes 21, imagino a la madrugada, sin mucho a sus
espaldas y en medio de las multitudes que se dirigían a las protestas. La
familia de Sana buscó todo el día y estaban a punto de rendirse antes de que el
clérigo local decidiera intervenir y presionar a la entera comunidad cristina. Maulana
Amjad Farooqi, el más respetable de los clérigos locales visitó la casa de los
padres de Sana y convenció a su padre de tomar una postura firme contra los
cristianos que habían, Farooqi aseguró, planeado el evento con anticipación. La
comunidad Musulmana exigió a los cristianos traer a la pareja de regreso o
todas sus casas serían quemadas.
La familia de Chand huyó del pueblo abandonando sus
pocas vacas. Instigados por Farooqi, los Musulmanes localizaron a Elías, el
padre de Chand, quien explicó que no tenía recursos para investigar donde se
habían metido los enamorados. Los musulmanes rápidamente vendieron una de sus vacas
por tan solo 30.000 rupias y dieron 10.000 (120usd) a Elías para empezar su
búsqueda. El mismo Maulana Farooqi confirmó a The Express Tribune que la vaca
había sido vendida y dijo a la comunidad cristiana: “ustedes han herido
nuestros sentimientos musulmanes al producir la película blasfema y con este robo
(el de Sana) han añadido gasolina al fuego”. Farooqi siguió rampante: “it would take 10 minutes to teach a
lesson to the Christians!”
Familias cristianas de pueblos cercanos empezaron a dejar
sus casas y vacas detrás.
El domingo 23 la historia tuvo un giro digno de The Crying
game, el Secreto de sus ojos o The Usual suspects: El jefe de policía, Amanat
Ali, reportó haber recibido un certificado con la conversión de Chand al Islam (Priceless! Gritaba desde mi balcón!) dejando así todo problema saldado de
tajo. El artículo menciona casi en el margen que el jefe de policía había recibido
también una segunda comunicación enviada por Sana donde afirmaba que no ha sido
robada o secuestrada, que se había casado por voluntad propia, que no había
problema, que estaba feliz.
El artículo deja muchos cabos sueltos: donde están
Chand y Sana? Cómo sobrevivió Farooqi la noticia de la conversión de Chand?
Cómo la sobrevivió Elías? El artículo publicado el lunes y titulado
“Love in the time of Blasphemy” parece indicar el rápido regreso de las
familias cristianas; su última frase reza -Poco
después la comunidad cristiana se unió a las protestas musulmanas en contra de
la película-