lunes, 4 de junio de 2012

Viajando por Punjab



Todo parece indicar que Lala, el conductor, quiere morir y quiere llevarnos con el. Estamos en el carril opuesto de la carretera, hay polvo por todas partes, a nuestra derecha se encuentra un bloque cerrado de carros, motos, buses y camiones que intentamos rebasar y que al unísono aceleran para impedirlo, enfrente, un camión gigante viene a toda velocidad, prende luces, pita. Sientes un hueco en el estómago justamente cuando Lala tira el carro a la berma de la izquierda y el camión pasa a nuestra derecha haciendo el carro temblar, ves en la distancia personas caminando con un par de búfalos, nada sorprendidos de que este carro se les venga encima a toda velocidad, pero Lala ya ha regresado a la carretera, al carril  opuesto para ser preciso, pero a la carretera por lo menos y otro camión viene a toda velocidad. Un carro del bloque de la derecha frena y nos salva la vida en el ultimo momento posible, hemos regresado a la seguridad de nuestro carril pero por unos momentos nada mas; sabes con certeza que en breve volveremos al carril opuesto para intentar rebasar a los demás carros, todo esto para no perder a nuestra escolta que rampante ya va tres carros adelante.

Tal vez deberíamos dejar que la escolta se vaya y volver a manejar a una velocidad razonable, si seguimos así moriremos sin duda alguna. Nos quedan cinco horas de camino. Como si leyera mi mente Lala dice “No perder escolta nunca…” Suena a todo volumen la música Punjabi que tres horas antes encontrabas tan colorida y exótica. Al llegar al siguiente pueblo encontramos decenas y decenas de camiones parqueados sobre el camino; empezamos a ir despacio, muy despacio, nos detenemos a la entrada del mercado. Veo en el suelo un enorme charco de sangre, una cabra que lleva poco tiempo muerta. Enormes aves de rapiña vuelan a menos de dos metros de altura, un hombre empieza a despellejar la cabra. Los escoltas saltan de su camioneta azul, empuñan las escopetas, rodean mi carro, me dan la espalda.