jueves, 22 de marzo de 2012

Los Muhajir

Y fue entonces cuando a Manahil le dio por rezar. Un simple ejercicio de reflexión la ubica en un atardecer soleado; Manahil, una mujer por demás bastante apegada a los pequeños placeres de la vida, jamás sería decisiva en la madrugada o después de comer. Imagino a una mezquita sonando en la distancia y poco después todas las mezquitas haciendo eco y a Manahil al lado de una ventana en un solo instante epifánico de renovado fervor religioso.

Buscó la Meca con sus ojos, se arrodilló en el suelo. Despacio, muy despacio, miro hacia la derecha, después hacia la izquierda y recito los primeros versos. Me cuenta que en un momento quedó congelada por la duda; Qué frase sigue? Qué movimiento? Intentó inclinarse hacia delante pero parecía una asana de yoga más que una pose de oración. Sorprendida se enderezó de nuevo. Durante su infancia rezó mil veces; Cómo pudo olvidarlo? Qué información remplazó la Oración? Después de un tiempo indeterminado, que sospecho breve, se paró de nuevo y decidió hablar con su padre: “Baba! Se me olvidó rezar…”. Se sentaron juntos en el tapete y miraron hacia la derecha y hacia la izquierda, ambos empezaron a rezar y ambos se detuvieron en el mismo verso.

“No soy Sindhi, Pashtu, Kashimiri, o Balochi. Mi padre es Punjabi pero del lado Indio. En la partición con India Baba cruzó caminando la frontera en Lahore: Somos Mahajirs”. “Hay muchos de nosotros en el sur. Hyderabad hace años era conocida como pequeña Mumbay”  

No hay comentarios:

Publicar un comentario