Vivo en una casa blanca con un
amplio balcón que mira a las montañas Margallah. Al otro lado, el dormitorio
mira a una casa que ha estado en construcción por mas de un año. Tres hombres en shalwar kameez y sandalias
destruyeron la casa anterior. Les tomó semanas de constante martillar. Después empezaron
a construir gigantes torres, diminutas ventanas, balcones sin puertas. Un
castillo. Por meses la nueva casa crecía y crecía, parecía no parar.
Después la construcción se detuvo. Hace meses que tan solo un guardia duerme en
el primer piso cuidando los materiales sin usar. Una noche de invierno me despertaron disparos,
gritos, hombres corriendo. Desde mi casa blanca puedo ir caminando al mercado
Khosar, famoso por ser el lugar de reunión de toda la comunidad expatriada, por
tener tiendas de comida importada y en sobre precio, y por ser el lugar donde,
no hace mucho, fue asesinado a quema ropa y en plena calle Salman Taseer, el Gobernador de Sindh. Aún recuerdo la foto del asesino, sus ojos desorbitados,
su sonrisa de locura. El asesino fue un guardaespaldas de Salman, enfurecido por que el Gobernador proponía reformar la Ley de la Blasfemia para salvar a una niña cristiana.