Miren esos tres expatriados aterrizando en Karachi cargados de maletas y papeles, mírenlos hablar por teléfono y caminar rápido, apenas si se dan cuenta de la redoblada seguridad. Mírenlos salir del aeropuerto y aparecer frente a la multitud de policías y Rangers y personas con barba y Shawar Kameez. Miren como reconocen a su conductor en un hombre que nunca han visto pero que lleva la gorra de la organización y como este amigable hombre, que no habla mucho inglés, los saluda y les informa que la seguridad y la multitud se debe a la llegada del primer ministro y les pide que lo sigan hasta el carro y servicial y optimista, empieza a abrir camino. Ahora necesitaremos empinarnos entre la multitud o se nos escaparía el simple gesto que se hacen unos a otros resaltando que han comprendido que deben salir del aeropuerto lo antes posible, pero no cuelgan, no, no, no señores, ellos nos cuelgan, simplemente se apresuran y algunos de ellos hasta prenden cigarrillos mientras siguen caminando en un multitasking infinito, natural, caótico y continúan persiguiendo a este hombre de shawar kameez blanco entre un mar de shawar kameez blancos y casi ni se dan cuanta cuando la distancia entre ellos y el conductor aumenta, pero no hay problema, lo ven desaparecer detrás de un carro negro y ellos muy ocupados suben a los asientos de atrás, pero el conductor, realmente está a unos cinco metros de distancia y miren como su cara pasa de un risueño optimismo a una alarma pirotécnica al ver a los expatriados siguiendo a alguien diferente y subiendo a un carro vacío y negro de la caravana del primer ministro, miren al conductor correr alarmado, tal vez con los brazos en el aire, tal vez gritando algo en Urdu o sindhi y llegar justamente cuando las puertas se cierran, imagínenlo golpeando frenéticamente la ventana, miren a los expatriados cómodamente sentados, aún con sus papeles en las manos, aún hablando por teléfono, aún fumando, preguntándose “pero quien éste que golpea la ventana…?”
domingo, 18 de diciembre de 2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
Sobre Salman Rushdie
La culpa la tienen los ojos azules de Jessica que hacen que mi IQ caiga como un plomo. Estando un poco cansado de tanto Economist y de tanta historia del Islam su “adoro a Rushdie…” resonó en mi cabeza y siendo, como soy, un ladrón de ideas y como ya dije, con el IQ por el suelo ante esos ojos azules, me dispuse, como tácito homenaje a su amigable charla, su partida y mi falta de criterio, a buscar un libro de Salman Rushdie y leerlo con urgencia y fue solo entrar a Saheed Book Bank para empezar a preguntar en voz alta y sin vergüenza “good morning yi, donde están los libros de Salman Rushdie?” y el vendedor no podía ocultar su sorpresa que sagazmente interpreté como ignorancia y pasé al segundo vendedor y repetí la frase pero ahora haciendo énfasis en el “saaalmaaan Ruuuushdiiie” y su reacción fue sorprendentemente similar a la del primero y el tercero estaba mas lejos y me miraba fijamente mientras gritaba a los cuatro vientos en un país musulmán “Excuse me…SAAALMAAAN RUUUUSHDIIIE YIII…?”
jueves, 8 de diciembre de 2011
El matrimonio en Multan
El novio llega primero. Sajid. Enorme sonrisa. Este es el tercer día del matrimonio. Ha pasado ya el día de amarillo y el día de la gena. Los padres de los novios invitan a todos sus amigos a celebrar la unión. Laura se va con las mujeres al fondo, a la carpa de mujeres, o tal vez mejor, a la partición de mujeres, porque esta es sola enorme carpa turquesa. “2400 personas al mismo tiempo” dice orgulloso el rollizo dueño. Esta carpa contiene seis particiones; tres matrimonios al mismo tiempo. Si te paras en la entrada puedes ver llegar cada uno de los novios: Uno con collares de flores y turbante dorados, otro con un Kurta negro y gorro Punjabi, Sajid con una sobria corbata azul; Matrimonio mixto; tradicional y moderno. Cada novio llega con un ruido enorme y una multitud de familiares, amigos, cámaras, niños y tambores. Todos llaman tanto la atención que casi no veo los sobrios cuartos de la entrada, los “Bride rooms”, usados por las novias para vestirse de luces y llenarse de color antes de silenciosamente perderse por los corredores hasta las particiones femeninas.
El espacio de “Gents” es todo felicidad. Sajid saluda y entretiene a sus invitados antes de subir a una tarima con su padre y el padre de la novia. Entonces las risas se callan; La oración! la oración! Elevan las palmas al cielo y después cubren sus caras con las manos con una expresión que parece de infinita tristeza. Un segundo de profundo silencio y entonces empiezan a desfilar los meseros con la comida y con ellos regresa el ruido y las risas. Después de la comida todo termina. Los hombres abrazan al novio y le entregan discretamente un poco de dinero como agradecimiento por la comida. Me acerco y coloco el billete su mano. Sajid la rechaza sorprendido “…pero esta no es tu cultura…”, alcanzo a responder “pero es la tuya…” antes de perderlo en la multitud.
A la salida encuentro a Laura despeinada y sonriente. “Cómo era la novia?” pregunto. “…hermosísima y muy seria; sonrió un segundo y después regreso a su postura de foto…”

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